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Por: Jorge Mier Hoffman
ABRIL DE 1922

Son las 2:00 de la madrugada, cuando el personal a cargo del afamado arqueólogo, Dr. Cummings, descansan la dura jornada de limpieza y traslados de escombros volcánicos en la zona conocida como “El Pedregal de San Miguel” en el valle de México, que hace muy difícil las excavaciones durante el día, por cuanto hace miles de años, 158 kilómetros cuadrados fueron cubiertos por las cenizas y la lava ardiente de la erupción del Xitle (del vocablo náhuatl Xictli: ombligo), un pequeño volcán que se divisa a distancia en la sierra de Ajusco, desde donde se encuentra el campamento arqueológico de la universidad estadounidense de Arizona.
En los apuntes del Dr. Cummings quedó escrito:


“era una noche muy oscura, cuando de pronto una luz muy intensa se proyecta desde el cielo para alumbrar un montículo que ya nos había llamado la atención por su curiosa forma… Algo se movía entre las nubes como nunca antes habíamos visto… Era un objeto muy brillante que proyectaba su luz, para luego dirigirse lentamente volando por encima de “El Pedregal” en dirección al cerro de Zacatepec, y desaparecer a gran velocidad como un meteorito que dejó una estela en el firmamento... Al día siguiente, lejos de espantar a los asustadizos obreros, la misteriosa luz los llevo a trabajar con más ahínco la dura piedra volcánica, pensando que era una señal que nos guiaba hacia un fabuloso tesoro enterrado”

Esta historia que parece sacada de un cuento de ciencia ficción y los relatos de OVNIS, fue escrita en 1922 por un arqueólogo, cuando nadie hablaba de platillos voladores, y la aviación apenas daba sus primeros pasos, por cuanto para esa fecha, ningún aeroplano había podido cruzar el atlántico. Cabe recordar, que la primera aparición de un Objeto No Identificado fue reportado en los Estados Unidos en 1947.

Ciertamente no se equivocaron los obreros… lo que allí se descubrió, fue un tesoro arqueológico que hoy tiene de cabeza a la comunidad científica, por cuanto cambió los patrones cronológicos de los estudiosos ortodoxos..!

Para reconstruir el pasado de los hombres que todavía no habían inventado la escritura, sólo es posible apoyarse en técnicas especiales de investigación. Estas técnicas permiten extraer información de los restos materiales dejados por esos hombres, como por ejemplo sus huesos, los instrumentos que fabricaron con piedras o restos de alimentos.

La arqueología es la disciplina que estudia esos restos materiales. Pero el arqueólogo no se limita a recoger objetos; su trabajo consiste en reconstruir la vida de los grupos humanos que dejaron restos materiales: debe deducir su antigüedad, reconstruir las formas de subsistencia, sus costumbres, ritos y su organización social.


FUENTES:
· simon-bolivar




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