La patrulla militar que fue protagonista de los hechos de la madrugada del día 25 de Abril de 1977 es: Armando Valdés Garrido, Humberto Rojas Bell, Iván Robles Riera, Germán Riquelme Valle, Raúl Salinas, Pedro Rosales, Juan Reyes, y Julio E. Rojas Suárez.
Se debe hacer notar que los nombres de los componentes de la patrulla difieren mucho según la fuente de la publicación. Mientras el periodista Juan Jorge Faundes habla de solo siete soldados, Jorge E. Anfruns, escribe que son ocho, y el investigador argentino Antonio Las Heras, único ufólogo que llegó a tener contacto con el caso a los días de suceder los acontecimientos nos habla de un componente de la patrulla llamado Julio Rato, mientras elude el nombre de Julio E. Rojas Suárez. A este respecto podemos decir que este personaje llamado Julio Rato también aparece en algunas publicaciones de periódicos de la época, omitiendo el nombre de Julio E. Rojas Suárez, o algún otro componente de la patrulla indistintamente.
Las discrepancias comienzan ya en este primer detalle. Antonio Las Heras llegó invitado por Canal 13 de TV a los pocos días de los sucesos de Pampa de Lluscuma, él investigador argentino ha comentado más de una vez que el ambiente que se vivía en aquellos días en Santiago, tanto sea a nivel calle, como en los propios medios de difusión era realmente efervescente. Incluso el ambiente periodístico trataba cada cual “agregar algo de su propia cosecha”. No es de extrañar que en ese ambiente se perdiera a la verdadera identidad de cada individuo de la patrulla.
El único periodista que logro hablar con Armando Valdés Garrido al día después de la experiencia de la patrulla fue Pablo Honorato de Canal 13 de Televisión y cuyas impresiones daremos más adelante dentro de otro contexto de esta historia. Luego Valdés desaparecería de la vida pública durante más de veinte años.
La experiencia en si de la patrulla militar se puede abreviar de la siguiente manera. Aquella noche del Domingo 24 de Abril la patrulla militar formada por ocho integrantes de las Fuerzas del Ejército de Chile estaban al mando del cabo Valdés Garrido. El campamento estaba a unos 300 kilómetros de la ciudad de Arica, la localidad más cercana era Putre. La noche era muy fría, quince grados bajo cero. Los militares estaban alrededor de una fogata, cuando se acerco corriendo el soldado Pedro Rosales que hacia labores de vigilancia diciendo: “Mi cabo... hay una luz que se esta desplazando del cielo, viene bajando...”
Los militares comprueban que esta luz esta bajando por el cerro y se les acerca cada vez más. La luz es muy potente, de un color blanquecino, intenso que lo ilumina todo. El pánico comienza apoderarse de los componentes de la patrulla. Valdés ordena tapar la fogata y a la vez que se formen en actitud de encadenados de los brazos.
Se habla de dos luces que se ubican delante de los cerros por donde había caído el primer objeto. Los movimientos son descritos como espectaculares y otros que su majestuosidad era apreciada considerablemente, de aspecto ovaladas y con luces rojas pequeñas que destellaban como balizas. El objeto principal se acerca considerablemente al lugar de la patrulla y su luz lo ilumina todo. Algunos componentes de la patrulla comienzan a rezar y a otros el pánico les hace llorar. Raúl Salinas en conversación con este corresponsal habla de un real descalabro inicial, pero luego recuerda ver a todos sus compañeros paralizados. Aquí es cuando el Cabo Valdés se aproxima a la luz adelantándose unos 15 metros y pide que se identifique aquello tan extraño. Una niebla lo hace perderse de vista de la patrulla y aquí existe un periodo de tiempo clave para todos los componentes militares de esta patrulla.
Ateniéndonos a las palabras de Raúl Salinas el Cabo desapareció de la vista de la patrulla y ellos de pronto se vieron como saliendo de una extraña somnolencia. La primera acción fue buscar al cabo Valdés desesperadamente, al termino de 15 minutos sintieron como caer un fardo o un bulto del otro lado de la “pirca” o quizás viniera de arriba. Era el Cabo Valdés totalmente en trance según sus compañeros, usando una entonación extraña y que no era propia de sus características vocales. Balbucea frases inconexas y habla de su madre en forma desesperada... aquí es donde emite según sus compañeros la famoso frase: ¡¡¡Ustedes no saben quiénes somos, ni de donde venimos, pronto volveremos¡¡¡ La desesperación es máxima en la patrulla al ver a su superior en aquel estado, más aún cuando detectan al militar con barba crecida estando recién afeitado aquella noche. Según palabras de Raúl Salinas a este corresponsal uno de los soldados que trata de calmarlo sujetándole los brazos contra el suelo le aplica un fuerte golpe en su rostro para que vuelva en sí. En este punto hay que mencionar el detalle del reloj del Cabo Valdés que se encontraba adelantado y detenido a cinco días posteriores de los hechos ocurridos, es decir que en vez de marcar 25 señalaba el día 30. Este detalle ampliamente divulgado por la prensa se ha convertido en un punto de la controversia más reciente ya que Raúl Salinas declara ya en el año 1999 a este corresponsal que este reloj no era del Cabo sino de uno de los compañeros de la patrulla y que le reloj no se tomo en cuenta hasta el día siguiente y que no estaba adelantado sino al revés “estaba atrasado y marcaba el día 20”, lo cual hace este episodio más complejo y difícil al tratar de entender que hay detrás de todo esto. El famoso reloj desapareció como por arte de magia al día siguiente.
Estos son los detalles en forma resumida de lo que supuestamente paso aquella noche en este campamento militar. Sobre estos hechos iremos trabajando y desmenuzando detalles concretos en apartados más adelante para lograr estructurar los hechos más o menos coherente y los cambios y detalles que han ido agregándose a medidas que ha pasado el tiempo, más aún ahora cuando las opiniones de los protagonistas hay que tomarlas con pinzas y con mucha cautela. Intentaremos buscar los caminos más coherentes a una posible verdad de los hechos o que se oculta realmente detrás de todo esto.
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